BienVenidos

16- Manos a la obra

Las siguientes semanas los pasé en una rutina del que apenas conseguía escabullirme ni utilizando todo mi empeño para ello. Podía contar con los dedos de una mano las veces que pude salir de ella y aún así me sobraría más de un dedo, pues únicamente me habían permitido salir para solucionar unos cuantos problemas como la cuestión de la herencia, la policía haciéndome preguntas sobre el incendio provocado o la desaparición de mi amiga.


Un día, me llamó el abogado de mi tía abuela para informarme sobre su herencia, que, como única familiar de la fallecida, me había dejado todo lo que tenía, que no era poco. Me había dejado una buena fortuna, la escritura de su casa y de su empresa. En definitiva, me había solucionado la vida, con ese dinero podría arreglar la casa en la que había crecido sin suponer gran cosa en mi economía pues me había vuelto una persona que le salía el dinero por las orejas.

Pero volviendo a lo que estaba hablando, sobre mi situación actual, desde esa extraña visión que tubo Musa en su tienda, no me habían dejado ni un día libre, siempre entrenando, siempre aprendiendo, siempre encerrada tanto en la casa de Musa como en la fábrica de Arioch.

Mis días estaban divididas de esta forma, nada más salir el reluciente sol desde el este empezaban mis entrenamientos en el área de la lucha. No había día que no saliese de esos entrenamientos con todo el cuerpo dolorido, lo mió no era eso. Y no era de extrañar teniendo en cuenta quien era mi entrenador en esta área, pues no era sino el malhumorado demonio de la venganza. Un demonio que se lo pasaba en grande machacándome, dejándome claro lo mala que era en la lucha o recordándome que en el mundo real no sobreviviría ni un minuto sin su ayuda.

- Veamos- dijo observándome de arriba abajo mientras me ponía en la posición indicada- No, no, no. Las piernas han de estar un poco más separadas… y esas manos más arriba… si, así estás aceptable- me ayudó a posicionarme como era debido para poder enfrentarme a cualquier atacante que viniese a por mí.- Ahora relájate, estira las piernas hasta quedar en una posición normal e intenta volver a la posición defensiva que te he enseñado.

- ¿Aceptable? ¿Qué lo vuelva a repetir? – contesté indignada – Pero si llevo todo la mañana con esto y todavía no me has enseñado nada realmente útil para la lucha. Esto es un desperdicio de tiempo, yo quiero que me enseñes a pelear y no a hacer posturas inútiles que no sirven para nada.

- ¿Quieres aprender a luchar?- una sonrisa maliciosa se le dibujó en la cara tan pronto oyó lo que le pedía- Claro, lo que tú quieras…

Todo fue muy rápido, ni me dio tiempo para reaccionar al ataque que me lanzó. Mediante unos movimientos veloces y ágiles me tumbó en el suelo dejándome sin respiración y me inmovilizó con una única mano. No podía creer lo fácil que me había vencido, y sin apenas alterar su respiración.

- ¿Suficientemente útil para la dama?- me preguntó con una sonrisa ladeada.

- Eso ha sido trampa- le acusé mientras me debatía para escaparme de su agarre-. Quiero volver a intentarlo y esta vez no me pillaras con la guardia baja. Te voy a dar de lo lindo, asqueroso demonio. Te mostraré de lo que soy capaz.

- Así se habla. Puede que esa furia te de un poco del talento que te falta, si es que lo tienes, claro- dijo liberándome y volviendo a una posición de ataque.

Las siguientes horas los pasé recibiendo la mayor paliza de mi vida. Salí con más moratones de las que recuerdo haber tenido después de las clases de gimnasio. Salí dolorida en lugares en los que no sabía que era posible sentir dolor. Ahora me acordaba porque odiaba tanto el deporte, yo no había nacido para eso.

Estaba intentando recuperar la respiración tras haber oído por enésima vez la palabra “muerta” tras haber vencido todas mis defensas y conseguir inmovilizarme en el suelo a pesar de todos mis intentos para poder superarlo. Me encontraba jadeante, había sido un ejercicio muy duro para alguien que no estaba acostumbrada a hacer ejercicios físicos.

Y fue entonces cuando algo asombroso sucedió, algo que no hubiera creído ni posible. Y es que… Arioch me tendió la mano para ayudarme a levantar, y lo más importante, no lo hacía con aire de superioridad ni nada por el estilo. Lo que veía en sus ojos era el reflejo del trabajo bien hecho.

- Para ser tu primer día no lo has hecho nada mal- mis ojos se ampliaron como platos, eran las primeras palabras mínimamente bonitas que me había dicho desde el día en el que nos conocimos.- Mañana más- me aseguró cuando logré incorporarme gracias a su mano, el que no me soltaba.

No sabía que fuera posible abrir más los ojos, pero de alguna forma yo lo logré.

- ¿Qué?- pude acertar a decir entre jadeos, no creía ser capaz de aguantar otra sesión de estas.

No me contestó, simplemente se limitó a volver a materializarnos en el apartamento de Musa, en la que vivía mientras reparaban mi antigua casa.

Por las tarde, después de descansar un poco y haber comido más que en toda mi vida, le tocaba el turno a las prácticas de control de mi poder. Unas prácticas que no eran ni mucho menos tan fáciles como aparentaban ser en un principio.

- Cierra los ojos y deja la mente en blanco- me indicó cuando nos sentamos como indios en el suelo alfombrado de su sala.- Bien hecho, ahora busca en tu interior encuentra esa chispa que se encuentra escondido dentro de ti. ¿Lo ves?

- Esto es una estupidez- sentencié sin abrir los ojos-, no veo más que oscuridad.

- Concéntrate- me ordenó. Pasó un cuarto de hora hasta que volvió a hablarme-. Veamos, haber si esto te ayuda en algo…

Sentí como sus manos se posaban en mis mejillas con suma delicadeza. Su tacto sacó a flote recuerdos, unos recuerdos que prefería mantenerlos guardados.

Volví a revivir la muerte de mis padres con todo lujo de detalles, desde como cogimos el coche cantando canciones infantiles hasta la imagen inerte mis padres en el asiento delantero. Cuando la imagen cambió me vi a mí misma de pequeña siendo centro de todas las burlas e insultos hirientes de mis supuestas compañeras y amigas. También pasó por delante de mí el cuerpo inerte y calcinado de mi tía cuando los bomberos lo sacaban de nuestro piso… Esos y otros recuerdos dolorosos desfilaron por mi mente. Sentí la tristeza, la furia, la impotencia, la sed de sangre ante el recuerdo de esas etapas desagradables de mi vida. Todo eso se juntó para terminar explotando como nunca antes. Fue entonces cuando encontré la fuerza que habitaba en mí y lo saqué a relucir para defender mi mente del pasado. Alejé de mi mente cualquier tipo de hechizo que hubiera utilizado conmigo de un fuerte puñetazo mental.

- ¡Basta ya!- grité mientras abría los ojos y me levantaba rápidamente del suelo.- ¡No tienes derecho a jugar con mi mente de esa forma, maldita bruja!

Cerré los ojos para unirme a esa fuerza que había encontrado recientemente. Era algo escurridizo, pero una vez logrado hacerme con él, sentí como me recorría todo el cuerpo. Me volví a sentir imparable, como la última vez. Me volvía sentir furiosa, como aquella vez…

- Nadie volverá a hacerme daño nunca más. No lo permitiré.

- Tus ojos…-susurró asustada.

No me apetecía oír sus estupideces, sus súplicas o sus intentos de hacerme entrar en razón, pues yo era la que lo tenía. Yo era la buena de esta historia y ella la villana. No había sido yo quien me había vuelto a reabrir viejas heridas, sino ella. Ella estaba en el bando contrario, estaba segura, nadie puede crearle ese dolor a una amiga, a una compañera y aliada. Era el enemigo.

Mi tiniebla se alzó con una velocidad asombrosa y le tapó la boca.

- Shh – le dije con una sonrisa siniestra- no queremos molestar a nadie, ¿verdad?- empecé a andar hasta estar prácticamente pegadas- ¿Qué te parece si pruebas el mismo dolor que me has hecho sentir?

A un chasquido de mis dedos la niebla envolvió por completo todo su cuerpo. Donde antes había estado la bruja ahora se encontraba una oscuridad que no dejaba ver lo que se cocía en su interior. No sé a ciencia cierta lo que le hizo, no es que me importara mucho en esos momentos. Pero el dolor que le debía estar causando debía ser espantoso, pues sus gritos no tardaron en oírse para el deleite de mis oídos. Qué gran música.

- ¿Qué coño?

Mis furibundos ojos se volvieron hacia el intruso que me había sacado de mi pequeña venganza con intención de aplastarlo bajo mi poder. Arioch era la persona que se encontraba en la puerta de la sala con cara de asombro. Y por extraño que pareciera no le ataqué por asombroso que sea. En vez de eso, hice que la niebla volviera a mí dejando al descubierto el maltrecho cuerpo de la bruja, que se encontraba tirada en el suelo como si fuera una muñeca rota, antes de acercarme a él con una sonrisa complacida.

- Ha cogido su merecido- le aseguré –, nadie daña a la Dama de las Sombras sin recibir lo que merece.

- ¿Cómo te llamaste? – abrió los ojos como platos.

- Dama de las sombras, reina de lo que está en medio, emperatriz de lo que lo que la luz reniega y la oscuridad teme. Esa es quién soy, demon…- sentí una punzada comparable a la picadura de una avispa en el muslo derecho - ¿Qué…?

Mi mirada se dirigió hacia mi muslo para ver lo que había causado esa molestia y lo que vi me sorprendió. Musa se encontraba a mis pies con la mano levantada. La misma mano que me había inyectado un tranquilizando que iba adormilándome a ratos.

El poder perdió control sobre mí, sentía que ahora volvía a ser yo la dueña de mi propio cuerpo. Se agradecía volver a ser yo misma otra vez, sin toda esa furia cegando mi razón y mi corazón. Miré hacia Musa con palabras de agradecimientos en los labios por haberme sedado lo suficiente como para controlarme, pero no estuve preparada para la imagen que se me ofreció. Su ropa estaba desgarrada allí donde la sombra había utilizado sus afiladas garras y sus letales caninos para desangrarla. Además, según pude ver en sus ojos empañados de dolor cuando intentó levantarse, tenía una de las piernas fracturadas y por su respiración superficial apostaría que alguna que otra costilla había llevado el mismo camino. En definitiva, tenía un aspecto lamentable.

- Lo siento…- se me quebró la voz por el dolor de verla de aquella guisa.

Una lágrima solitaria bajó por mi mejilla al darme cuenta de la magnitud de mis atroces actos, de mis oscuros poderes, de mi maldición. Era un monstruo, me había convertido en una bestia sin compasión ni corazón, me había convertido en mi peor pesadilla.

En esos momentos, mientras el sueño venía a mi deseé morir, un ser tan maligno como yo no merecía la vida que se le había concedido. El mundo estaría a salvo sin mí, yo era un peligro que debía ser exterminado… El sueño me cogió en su regazo, un sueño del que le pedía a dios no volver a despertarme jamás por la seguridad de todos aquellos que amaba o llegaría a amar…

2 comentarios:

Angy dijo...

Tienes regalos en mi blog,espero q te gustan..besos

http://checktheseblueskiesout.blogspot.com/2010/10/regalitos-para-el-fin-de-semana-para.html

Angy dijo...

Tienes regalos en mi blog,hojala te gusta-besos y feliz finde......

Angy((Out of the Blue))

http://checktheseblueskiesout.blogspot.com/2010/10/regalos-for-weekend.html

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